
La convergencia de la economía española con los países de su entorno trae asociados fenómenos propios a escala micro y macroeconómica. Uno de ellos es el sobreendeudamiento de los hogares, que ha entrado a formar parte de los riesgos que pueden afectar de forma negativa a la estabilidad de nuestra economía, en la medida en la que entran en juego una multitud de agentes e influye en variables que juegan un papel decisivo en su equilibrio.
El sobreendeudamiento no sólo proviene del comportamiento irresponsable de los hogares, sino también de un entorno en el que las familias se ven presionadas hacia el consumo. De un lado, a través de la publicidad, ya no como mecanismo de promoción comercial, sino como escaparate de modos de vida a los que se accede a través de la adquisición de los productos que se anuncian.
De otro, por la flexibilización de los mecanismos de acceso a crédito por parte de las entidades financieras tradicionales, en un contexto de liberalización de mercados, que lejos de favorecer a las personas consumidoras a través de la reducción de tarifas, ha agudizado la competencia entre entidades por la captación de clientela, siendo el crédito al sector hogares uno de los mecanismos más rentables para elevar el beneficio de las entidades financieras. En tercer lugar, han aparecido nuevas entidades crediticias, que actúan con criterios aún más flexibles y una mayor rapidez en la concesión de los fondos, a costa de unos mayores tipos de interés y unas comisiones más elevadas, siendo especialmente preocupante el papel que juegan como alternativa a eventuales situaciones de insolvencia para atender las cuotas de otras deudas o para su refinanciación o reunificación.
Este panorama contribuye a incrementar el riesgo de insolvencia de muchos hogares ante situaciones adversas, lo que no sólo tiene consecuencias sobre las propias familias, sino que puede incidir sobre el nivel de demanda interna. Los efectos de la desaceleración del consumo son muy importantes, pues el consumo privado representa dos terceras partes del PIB español. El comportamiento futuro del consumo de las familias dependerá, en buena medida, de que las subidas de tipos de interés y de los precios continúen produciéndose de manera suave y faciliten su asimilación y adaptación a las economías familiares de una manera progresiva. El objetivo oficial del Banco Central Europeo es estabilizar la inflación en niveles bajos. El BCE repite que las expectativas de inflación se mantienen controladas, pero esto no ha impedido que los tipos de interés haya subido.
Otro aspecto que marcará el impacto del endeudamiento sobre el consumo es la proporción de familias con un endeudamiento elevado sobre el total. Según el gobernador del Banco de España la situación patrimonial de las familias españolas es "sólida", pues el 60% de los hogares no tienen ningún préstamo que pagar a los bancos y, por tanto, son una "minoría" las familias endeudadas. Según la Fundación de Cajas de Ahorro, la proporción de hogares con un endeudamiento superior a su renta disponible se limita al 10% del total.
La percepción sobre el endeudamiento de las familias españolas disocia dos cuestiones, por un lado el nivel de endeudamiento de los hogares en términos relativos y, por otro, los hábitos y actitudes que inciden directamente sobre éste.
La actual coyuntura económica y las grandes transformaciones sociales de los últimos veinte años han generado el caldo de cultivo necesario para impulsar el cambio de una cultura ahorradora a otra altamente consumista. Situación que ha resultado ser determinante para explicar los actuales volúmenes de las deudas acumuladas por las familias, hasta llegar a alcanzar situaciones extremadamente vulnerables a los cambios del entorno (aumento de los tipos de interés, etc.), personales (gastos inesperados procedentes de servicios médicos, abogados, etc.) o profesionales (pérdida del empleo, congelación salarial, etc.).
Existe un discurso generalizado que critica fuertemente el actual estilo de vida, caracterizado por una tendencia desmedida hacia el gasto y una especial pretensión por alcanzar determinado reconocimiento social a través del efecto demostración de estatus. Ahora bien, pese a tildar de pernicioso este comportamiento se produce el doble discurso que justifica la necesidad de aprovechar cada momento y disfrutar consumiendo.
La mayor parte de las familias considera que en un contexto como el actual es comprensible que las personas anhelen toda clase de bienes, servicios y productos, y que acudan al crédito y al endeudamiento para conseguir aquello que es normal desear. En efecto, el consumismo, identificado como una conducta propia de la sociedad española actual y clave para explicar la propensión al endeudamiento, es justificado por los diferentes grupos entrevistados, basándose en tres ideas:
- España atraviesa un período aparente de bonanza económica que ha generado la confianza suficiente como para iniciar importantes proyectos de inversión y reducir la propensión al ahorro.
- La herencia de un pasado de carencias aún reciente en la memoria de muchas familias ha generado el efecto inverso llegando al extremo del consumo compulsivo y obsesivo.
- La incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la prolongación de las jornadas laborales y el creciente nivel de competitividad que caracteriza al mercado de trabajo exige un nivel de esfuerzo que, en opinión de las familias consultadas, justifica el hecho de desear y satisfacer todas las necesidades sobre la base de una concepción meritocrática (debería ponerse su significado (de mérito) ya que no existe esta palabra, como tal, en nuestro diccionario).
La percepción de creciente endeudamiento es un motivo de preocupación para el conjunto de las personas consultadas, aunque no supone necesariamente un reflejo de la situación personal, ya que no se percibe preocupación real por el grado de endeudamiento propio. No obstante, el estilo de vida, la tendencia consumista y la frecuencia de uso de los productos financieros puesto de manifiesto en las distintas reuniones podría evidenciar cierta inquietud no confesable por la propia situación.
Aunque se apunta especialmente la inadecuada gestión de las entidades bancarias a la hora de conceder o cambiar las condiciones de un crédito como unos de los factores que han contribuido en mayor medida al incremento del endeudamiento familiar, la aceleración del proceso es el resultado de la confluencia de varios factores: aumento de la renta disponible, reducción del ahorro (propensión al gasto), alto consumismo, creación de empleo (estabilidad y reducción de la incertidumbre), abaratamiento de los costes financieros de las hipotecas, cambio en las condiciones de las hipotecas, incremento de la demanda de segundas viviendas por residentes y no residentes, cultura de la vivienda en propiedad, alto coste del alquiler y aumento de la preocupación por el ocio y el disfrute del tiempo libre.
La edad y el nivel de ingresos medios determinan la aparición de comportamiento diferenciados en la actitud frente al gasto. Los grupos de edad más jóvenes están más endeudados, generalmente resultado de la adquisición de préstamos hipotecarios: son más consumistas. Los grupos de edad más avanzada tienen una cultura más ahorradora (previsión de futuro). Mayoritariamente los préstamos hipotecarios están asociados a una segunda vivienda.
Por su parte, las familias de ingresos mediosbajos recurren en mayor medida a productos financieros para seguir manteniendo los niveles de consumo deseados. Solicitan préstamos personales, aunque recurren en mayor medida a la familia, para cubrir necesidades de primer orden (reformas domésticas, servicios médicos, etc.), y de forma menos notable también se destinan al desarrollo de actividades de ocio y a la satisfacción de deseos personales (vacaciones, etc.). Critican los créditos rápidos y la publicidad asociada a ellos, pero justifican su demanda y evidencian alguna experiencia personal.
La utilización de los mecanismos de financiación responde a una necesidad. Es decir, se recurre a ellos porque no hay alternativas. Tienen una menor frecuencia de uso de las tarjetas de crédito siendo, en ocasiones, un recurso de uso puntual por la dificultad que supone el control de los gastos. Precisamente su eliminación supone una de las primeras medidas de ahorro. Un segmento importante llega a final de mes con ciertos apuros económicos. El nivel de endeudamiento es muy alto.
Las familias de ingresos medios-altos utilizan más racionalmente las ventajas y beneficios ofertados por los distintos productos financieros. Recurren a los préstamos personales para financiar actividades extra y deseos personales (viajes, centros de belleza y relajación, etc.). El uso que hacen de los productos financieros responde a cuestiones tales como: mayores comodidades, rentabilidad, inercia, etc. Critican los créditos rápidos y encuentran irracional su contratación. Ponen de manifiesto un evidente crecimiento del endeudamiento familiar, pero no lo hacen extensivo a su situación personal. Se encuentran inmersos en una cultura altamente consumista de la que forman parte activa por considerar importante el disfrute del tiempo libre y del ocio. Su nivel de endeudamiento es bajo.
No obstante, las coincidencias son mayores que las desavenencias, apuntando un comportamiento similar en aspectos tales como: alto nivel consumista, estilo de vida basado en el disfrute aquí y ahora, percepción de una drástica ruptura en el modo de vida de las generaciones anteriores, preocupación por el elevado nivel de endeudamiento de las familias españolas y preocupación por la educación y transmisión de valores altamente consumistas a las jóvenes generaciones.
En general, las familias conocen el importe de sus deudas, aunque no existe un conocimiento exhaustivo de la distribución entre las distintas partidas, especialmente las que corresponden a los gastos efectuados con tarjetas de crédito. Esto pone de manifiesto que la percepción de control total no es tan real como se percibe, si bien en muchos casos esta percepción está conscientemente sesgada por la necesidad de desconocer el nivel real de gasto asumido por las familias.
El préstamo hipotecario es el producto financiero más demandado, ya que en la práctica totalidad de las familias el gasto destinado a la vivienda es el más elevado. El recurso a los préstamos personales está igualmente generalizado, si bien cobra especial importancia el papel de las familias como prestatarias en los grupos de ingresos medios-bajos. Los créditos rápidos son generalmente desaprobados por el conjunto de personas consultadas, aunque existe un segmento de población que ha recurrido a ellos en alguna ocasión.
En definitiva, una vez concluido este estudio plurianual, la Asociación General de Consumidores, ASGECO Confederación, considera que para hacer frente a los posibles efectos del sobreendeudamiento se deberían llevar a cabo medidas de sensibilización, prevención y acción.
Cada una de ellas pretende proporcionar soluciones al momento concreto en el que se hallan los hogares en relación a su nivel de endeudamiento. Las primeras pretenden informar y concienciar a las personas como consumidores de la existencia de factores reales que les pueden hacer incurrir en niveles de endeudamiento excesivo. Las segundas tienen como fin tanto poner a disposición de las mismas los mecanismos vigentes en la actualidad para evitar su endeudamiento excesivo, como proponer sistemas que amplíen el margen de actuación antes de adquirir los compromisos crediticios. Por último, las terceras persiguen que la persona consumidora sobreendeudada pueda devolver los importes adeudados y, al mismo tiempo, tenga la capacidad de rehacerse patrimonialmente y poder continuar su trayectoria vital sin verse abocado necesariamente a situaciones de marginalidad.
En este contexto de vulnerabilidad de las familias más endeudadas resultaría conveniente el desarrollo de una legislación específica que protegiera a las familias ante la eventual pérdida de todos sus bienes por una situación de quiebra, tal y como sucede con las empresas. La nueva Ley Concursal (Ley 22/2003, de 9 de julio) contempla la sustitución de las antiguas quiebras y suspensiones de pago por un procedimiento único, el concurso de acreedores, una vía para resolver las situaciones de insolvencia. No obstante, tal y como lo viene denunciando desde hace años ASGECO Confederación, esta ley no está desarrollada específicamente para familias, sino más bien para empresas, por lo que sería conveniente y necesario el impulso de una ley específicamente diseñada para atender los problemas de insolvencia que se puedan producir en las familias como consecuencia de situaciones en las que, por diferentes tipos de circunstancias, no pueden hacer frente a sus deudas, tal como existen en otros países.
Para concluir, añadiremos que no es posible un cambio en la situación de solvencia de los hogares, sin un cambio en la actitud frente al consumismo, sin un verdadero cambio en los hábitos que generen una necesidad menor de gasto o, al menos, un gasto más racional, más responsable.
Este proyecto ha sido subvencionado por el Ministerio de Sanidad y Consumo - Instituto Nacional de Consumo
Su contenido es de responsabilidad exclusiva de la Asociación General de Consumidores, ASGECO Confederación.
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