Prólogo

Prólogo

Uno de los problemas del endeudamiento de las familias se produce cuando el consumo autónomo, es decir, aquel que se haría aunque el ingreso fuera cero, cambia de percepción para el ciudadano. Y si, además, también se cambia la percepción del consumo que depende del nivel de ingreso, entonces estamos abocados con casi total seguridad al sobreendeudamiento. Se rompe el concepto keynesiano de demanda-consumo, donde el nivel de ingreso tiene un peso definitivo en el consumo.


Existe una variable más y es que el ciudadano se endeuda en productos y servicios perecederos a corto plazo y, lo que es peor, esto es posible gracias a una financiación con una vida superior a la del propio bien o servicio, sin ningún valor intrínseco que ayudara al propio consumidor, a tener un beneficio económico a medio o largo plazo que sirviera para percibir mayores ingresos que paliaran su situación inicial de endeudamiento.

A esta forma de vida en el filo de la navaja a la que nos conducen nuestros impulsos de consumo, contribuyen las facilidades que da el mercado, la publicidad, el bombardeo de las entidades financieras informando sobre los créditos fáciles, los aspectos intangibles del "tu te lo mereces", etc. Sin embargo, hasta el consumidor mas concienciado no controla determinadas variables, sobre todo aquellas que llamamos sobrevenidas, como pueden ser una enfermedad, una separación conyugal, el fallecimiento del principal perceptor de ingresos, etc.

Hemos querido poner cara al problema del sobreendeudamiento recogiendo experiencias y testimonios de consumidores reales con nombres y apellidos.


Es evidente que necesitamos una regulación para contar con una herramienta legal de solución a los ciudadanos, pero también necesitamos un cambio en los hábitos de los consumidores, y en su forma de enfrentarse al mercado y a la publicidad incluso a la vida.

 

Insistimos en la necesidad de una ley de endeudamiento familiar, pero somos los ciudadanos, sobre todo, los que tenemos que cambiar nuestra actitud y responsabilizarnos de nuestros actos y los actos de consumo en nuestra sociedad de consumo son como respirar quince veces por minuto.

 

Por ello, este estudio que se ha prolongado durante los últimos tres años (más de mil folios, casi diez kilos, todo un atentado medioambiental) se ha hecho a cocción lenta, despacio, desde los consumidores y con su participación directa porque ante una oferta globalizada la mejor prevención es la concienciación y la co-responsabilidad ante nuestros propios actos.

 

Resulta, Sr. Keynes, que el consumo ya no depende del nivel de ingreso, para muchos, depende de que alguien ha decidido que yo merezco un crucero por el Caribe, y que como no puedo pagarlo, me buscan un crédito en veinticuatro horas que voy a devolver a un interés desorbitado durante cuatro años y si mientras tanto me quedo en el paro, o me separo, ¿podré pagar con las fotos digitales del crucero?

 

Viñeta de Forges

 

Ana Isabel Ceballo Sierra
Directora del Estudio
Asociación General de Consumidores, ASGECO Confederación

Este proyecto ha sido subvencionado por el Ministerio de Sanidad y Consumo - Instituto Nacional de Consumo

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